Sabores ártabros-Casi un siglo de Amador

José Perales Garat

En el número 17 de la Calle del Carmen se encuentra desde 1923 Casa Amador. En ese año en que Primo de Rivera dio el golpe de estado que empezó su dictadura y Hitler y Rudolf Hess dieron el suyo en Alemania que acabó con los dos en la cárcel, Ferrol florecía con la Sociedad Española de Construcción Naval y el insigne Rodolfo Ucha seguía tiñendo de colores una ciudad que todavía se lamentaba por los
héroes de África, cuyo monumento acompaña hoy en día la entonces recién construida fachada del Jofre.

En ese Ferrol alegre, el abuelo de Jorge Amador, decidió iniciar su andadura con el propósito de “… dar el tueste adecuado a cualquier tipo de café” que es lo que hace su nieto hoy en día y desde hace cuarenta años, además de buscar el molido exacto para cada tipo de cafetera, que por lo que se ve es todo un arte.

Eso es solamente una parte de lo que descubres cuando entras en ese templo especializado en la más excitante de las bebidas en donde, paradójicamente, todo el mundo parece estar tranquilo.

Como esos barcos que siempre nos han acompañado, los cafés que se muelen en esa esquina de la plaza del Callao, vienen de todo el mundo: Brasil, Colombia, Costa Rica, Etiopía, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Kenia, Perú… tal vez en mi anterior artículo acerca de los museos debería haber incluido al local al que tantos ferrolanos acudimos tan a menudo a comprar café, pero también vino, frutos secos, embutidos, quesos y conservas, y tal vez por eso considero más que posible que su existencia esté
íntimamente relacionada con el carácter cosmopolita de ese Ferrol marinero que tanta gente ha despedido y recibido siempre.

Pero es que, además, resulta que en el templo del café ferrolano (el café ferrolano nace donde le da la gana, sí) no nos encontramos con que simplemente venden vino, sino que nos encontramos una de las mejores bodegas de los contornos, además de conservas de gama muy alta y lo suficientemente especiales para que descartes por completo acudir a un centro comercial o a un supermercado a hacerte con ellas. No
me cabe la menor duda de que esa exclusividad es lo que ha motivado que envíen café incluso hasta Japón, y de ahí que la reseña del local en Facebook califique a Amador de tienda gourmet y de regalos delicatessen.

A mí me gusta mucho dejarme caer por allí, especialmente los sábados por la mañana en los periodos de vacaciones: el primer golpe de olor es epatante para los que somos cafeteros, y ya casi ese olor penetrante tan evocador merecería la pena la visita… pero yo no soy así, y no puedo entrar en una casa de esas características sin buscar, investigar, conocer y probar cosas nuevas, como las Pitucas con pepitas de chocolate, que han sido mi último pequeño tesoro o como ese extraordinario “La retorta” de Finca Pascualete, considerada por muchos una de las mejores queserías de España.

Suelo detenerme en los estantes, un poco como cuando visitas un museo en el que ya has estado, cuando tengo que regalar algo a alguien de mi cofradía: conservas, aceites, quesos, licores y vinos conforman un paisaje de ultramarinos de antes que no ha renunciado ni a su esencia ni a modernizarse para llegar a calidades más altas que la media -mucho más altas que la media, la verdad- y por eso os recomiendo que visitéis sus pasillos con la mente un poco más abierta de lo habitual, y con la cartera un poco más suelta, porque si algo he aprendido en mis visitas a este negocio del que espero que continúe un par de generaciones más, es que cuando encuentras un sitio en el que el precio es acorde con lo que se vende, sólo tienes que decidir cuánto quieres gastar y disfrutar en el proceso, como cuando compro esos vinos que casi nunca admiten comparación con la mayoría de los más conocidos.

Y hoy os escribo de Amador, pero os recomiendo también que visitéis a Don Emilio en El Rápido Ultramarinos (fundada en 1922 en el 135 de la Calle Magdalena, por lo que también está a punto de cumplir su primer centenario) y que paséis por Alimentación Mundo, en la Calle María 139: Si después de visitar estos tres locales tan cercanos no encontráis lo que estabais buscando, lo más seguro es que os pase como a mí y que encontréis algo que, pese a que no lo estabais buscando, era justo lo que queríais.

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