“Soy mayor, pero no idiota”

Adán Puentes (@adanpuentes)

Hace unos días se hacía viral en redes sociales una noticia que decía que una jubilada había denunciado a su entidad bancaria por cobrarle una comisión de dos euros en una ventanilla a la hora de realizar una gestión y no haber usado el cajero, como también tenía repercusión la frase que le dedicaba a los trabajadores de la sucursal en la carta que les remitía: “Soy mayor, pero no idiota.”

Desde hace un tiempo cada vez es más notable la brecha digital existente con toda una generación de personas que no han nacido en la época tecnológica y que ahora se encuentran con un sistema que no quiere contar con ellos.

No se puede dejar atrás a la generación que lo ha dado todo para que ahora, los que somos un poco más jóvenes, podamos vivir un poco mejor. En este mundo en permanente digitalización hay que dejar siempre una ventana, puerta o sucursal abierta para todas aquellas personas que no saben cómo realizar los trámites con una máquina.

Que sí, que los cursillos de informática y de formación están muy bien, como también preguntarle al hijo o nieta más joven cómo se hacen las cosas, pero una cosa no quita a la otra, la atención personalizada debe primar por encima de todo (y sin comisiones, por favor).

En estos tiempos estamos viendo como casi todo va a través de internet, que para la gran mayoría de las cosas es un gran avance, evitas colas y tiempo de espera, pero, ¿qué pasará dentro de 30-40 años cuando la generación actual sea jubilada? ¿Quedarán marginados por no estar a la última? ¿Por no saber instalar una determinada aplicación que sea necesaria?

Que conste que el tema de la sucursal bancaria se puede llevar a otros problemas del día a día, como el de pedir citas médicas a través de internet (o mismamente descargar el certificado de vacunación de la covid-19), realizar gestiones con las administraciones públicas o incluso, en según qué superficie comercial, no querer ir a la caja rápida y preferir que te atienda una persona en caja: “Es que si vamos a la caja rápida al final solo quedará eso y se perderán todos los puestos de trabajo”. Seguro que este argumento lo hemos escuchado muchas veces y, visto lo visto, cada vez con más razón.

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