Soledad

Pedro Sande García

Las líneas que van a leer ustedes no forman parte de un artículo periodístico, ni de una crónica, tampoco constituyen un relato con continuidad lógica en su lectura. Tampoco hay ningún razonamiento lógico en su creación, ni lo ha tenido desde el momento que me puse a escribir el primer borrador. Lo que van ustedes a leer es el resultado de un ejercicio en el que he querido plasmar la sensación o la percepción que podría trasladar la soledad. Verán que he utilizado el condicional como tiempo verbal. Todo lo que yo o ustedes podamos expresar siempre será una suposición basada en la particular reacción individual ante un estímulo.

No he recurrido a la RAE ya que, como ya les he comentado en alguna otra ocasión, el diccionario de la real academia solo proporciona frías definiciones y dado que no existe ningún diccionario que nos transmita sentimientos y sensaciones me he atrevido a hacerlo con soledad, palabra, que como muchas otras, transmite mucho más de lo que nos dice su insensible significado.

Para hacer este ejercicio no he me ido a un lugar desierto ni a una tierra no habitada, tampoco he intentado aislarme de la más mínima compañía. He dejado de mirar, tanto a mí alrededor como a mi interior, y espere a que las palabras fluyeran evitando la sigilosa censura con la que nuestra mente, que por el solo hecho de pensar, reprime nuestros actos y nuestras expresiones. Antes de llegar a ese momento, de ceguera absoluta, surgieron algunas preguntas que no quería hacerme, su respuesta es tan fría como el significado que la RAE le da a las palabras: ¿Es la soledad estar solo y
sin compañía en medio de un desierto de arena?, ¿Es la soledad estar una noche rodeado del gemido de la bruma?, ¿Es la soledad estar en medio de la ciudad rodeado por miles de individuos que sortean el movimiento de los demás? Solo cuando mi mirada se cerró fue cuando empecé a escuchar susurros en mi interior.

Es un sentimiento, es un dolor, es un quejido, un grito de auxilio, un momento eterno, el tiempo que transcurre, una profunda congoja, una voz desgarrada, un lugar de absoluto sosiego, una zozobra sin fin, el sentimiento de que todo ha llegado a su fin, la caída a un vacío infinito, un reposo en el camino, una respiración pausada, un carretera sin regreso, un momento eterno de descanso, el paso previo al final, el aullido de un lobo, un árbol en medio del páramo, la oscuridad absoluta, el llorar de un bebe en su cuna, el cisne solitario sobre la laguna.

Han pasado días desde que inicie este experimento, experimento creo que es la palabra más adecuada para definir lo que he estado haciendo, y la dificultad de que los susurros se posen sobre mí se acrecienta. Cierro los ojos y escucho una voz rasgada y aterciopelada, no me hace falta cerrar los ojos para sentir como me envuelve acompañada con el son del blues ¿tendrá algo que ver con la soledad?

Me he metido en un laberinto y se presentan ante mí varias alternativas. Seguir dentro de él, creo que no tiene sentido ya que acabará produciéndome una sensación de intensa angustia. Tirar a la basura todas las palabras que he escrito y abandonar este ejercicio que es posible que yo no esté capacitado para asumir. Por último, terminar y pedirles perdón por unas palabras que quizás no tengan ningún sentido y por haberles hecho perder el tiempo en esta lectura.

Para finalizar se me ocurre que a lo mejor hablar de la soledad es mucho más sencillo. Podría, de nuevo condicional, decir que se es el encuentro del escritor con sus palabras.

Cuídense mucho.

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