Y digo yo/ Los padres mandan a sus hijos a la huelga

Javier Cámara-(Jefe de área de El Imparcial)

Mucho se está hablando en los últimos días de la educación en Finlandia. Como si de una encuesta se tratara, cada uno interpreta los datos que refiere ese sistema educativo según le conviene. Me parece bien, es ley de vida. Lo que es importante para uno no tiene por qué serlo para otro. Si para mí es relevante que los educadores son los profesionales mejor cualificados del país o el grado de implicación de los padres en la educación de sus hijos, para otros puede serlo el hecho de que el gasto por alumno es inferior a lo que se gasta en España.

No está mal comparar si sirve para sacar conclusiones que aporten algo positivo a nuestro sistema educativo, sobre todo cuando el alumno finlandés obtiene una de los mejores notas en los informes PISA. Pero, precisamente por eso, también sería conveniente que todos, profesores, padres y responsables políticos, hicieran un poco de autocrítica.

Y digo yo: ¿Se implican los padres en la educación de sus hijos o sólo les preocupa que los días de fiesta tienen que dejarlos con los abuelos porque ellos tienen que trabajar? ¿Conocen exactamente el temario de sus hijos y la calidad de su enseñanza o sólo se llevan las manos a la cabeza cuando les hablan del tupper? ¿Es ético y aceptable que un padre mande a su hijo seguir una huelga para no asistir a clase? Por otra parte, ¿se ha preguntado alguien por qué con más dinero por alumno en España no se obtienen mejores resultados? ¿Es culpa de los profesores que no enseñan bien o de los políticos que no administran convenientemente?

Pienso en la inexistente fuerza moral con la que tendrá que responder un padre cuando su hijo le diga, el día que éste quiera, «hoy no voy al colegio estoy en huelga». Triste ejemplo. Si algo ha demostrado la convocatoria de varios días de huelga en Educación es que, aparte de la poca aceptación y seguimiento conseguido, sólo sirven como válvula de escape para cuatro radicales que con fines únicamente políticos hacen sus alegatos amparados en esa ola general de protestas por los recortes.

Así, todo vale. Ya es aceptable, e incluso está bien visto en determinados ambientes, enfrentarse a la Policía. No es problema, ya se desviará toda la atención con “la violencia desmesurada de las cargas”. Del mismo modo, se tolera sin sofoco entrar por la fuerza a un colegio religioso al grito de «¡dónde están los curas que los vamos a quemar!». Después, es suficiente con una justificación tan burda como humana consistente en decir que todo es culpa del Gobierno, que, además, provoca «exacerbando los ánimos». Como siempre, es lo fácil.

Eso sí, al «césar lo que es del césar». Todo hay que reconocerlo y la educación española es mala, pero las huelgas, manifestaciones, algaradas, concentraciones indignadas y demás eventos de protesta lo que sí están dando son grandes poetas de la denuncia social y el eslogan pancartero. Las originales ocurrencias y las artísticas soflamas de los manifestantes son, sin duda, lo mejor de las huelgas.

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