Humor se escribe con hache

Amando de Miguel

En la misma línea humorística, Juan Antonio Fernández M. me envía algunos chistes desternillantes. Reproduzco resumidos dos de ellos. Se trata de un profesor de enseñanza primaria (o como se llame ahora) que trata de provocar a sus alumnos para que imaginen lo que van a ser de mayores. Jaimito contesta que de mayor será millonario, irá a las fiestas llevando a la puta más cara, a la que regalaría una mansión, un yate, un coche deportivo y más cosas. Después de ese deseo, el profesor señala a una alumna: «Y tú, Luisita, ¿qué quieres ser de mayor?». La niña responde: «Profe, yo la puta».

El otro suceso que cuenta mi corresponsal revela muy bien la gracia que supone la sorpresa. Se trata de una excursión de moteros, de esos que hacen trepidar sus Harley Davidson. Al pasar por un puente, la pandilla se encuentra con una delicada muchacha dispuesta a saltar por la barandilla. El jefe de los moteros hace parar a sus seguidores y se dirigen a la muchacha. La cual les comunica que se va a suicidar. El musculoso y rudo jefe de los moteros le dice que adelante, pero le pide que antes le dé un apasionado beso de despedida. La muchacha accede con gusto y ambos se estrechan en un romántico beso. El motero reconoce que ha sido el beso más cálido que le han dado en su vida. Lo cual le da ánimos para preguntar a la chica por qué se va a suicidar. La respuesta es así de sincera: «Es que a mi papá no le gusta que me vista de mujer».

Julio Iglesias de Ussel relata la conversación oída en un bar de Granada. Sintetizo mucho por mor del espacio que tengo. Uno de los paisanos deja caer que le han dado la invalidez, pero que sigue regentando el negocio que tenía con su mujer. Su compañero le felicita por la astucia y añade que él despidió a los tres trabajadores que tenía en el taller para ahorrarse los seguros sociales. De esa forma los tres trabajadores siguen trabajando y cobrando el paro al mismo tiempo. Todos contentos. Su compañero se congratula de esa forma de hacer las cosas y le comunica que a su hija le ha regalado un BMW A3, pero que la chica es muy lista y ha conseguido una beca de 5.000 eurillos. Hay que defenderse. Por eso en su taller no acepta facturas con IVA, que solo sirven para engordar a los chorizos del Gobierno. Claro que lo mejor es haber conseguido una declaración de discapacidad para su padre, y así él puede aparcar tranquilamente en los lugares reservados para minusválidos. Los dos interlocutores se entretienen después en hacer ascos de los casos de corrupción en el Ayuntamiento y en la Comunidad. La conversación se interrumpe porque el primer interlocutor recuerda que su coche lleva un rato en segunda fila. Don Julio comenta que conversaciones como la que él recogió en el bar de Granada se pueden documentar en muchos lugares. Se pregunta si, después de esto, nos merecemos los políticos que nos gobiernan. Aquí el antropólogo se pone serio. El humor es una forma de enfrentarse a las inquietudes y tribulaciones cotidianas.

Cualquiera puede observar que en las conversaciones corrientes se desliza cada vez más el tono de sarcasmo. Los comentarios políticos de Federico Jiménez Losantos apuntan cada vez más a la calificación de grotescos que tienen los personajes públicos. En las tertulias de la radio o de la tele se emplea cada vez más el recurso de la ironía.

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