Un golpe de (mala) suerte

Antonio M. CarmonaAntonio Miguel Carmona-(director Diario Progresista)

La ministra de Empleo de Alemania, Úrsula von der Leyen, ha señalado que la creciente inmigración de jóvenes cualificados provenientes de España es «un golpe de suerte» para la economía, el futuro y la prosperidad de Alemania.

El diario Der Spiegel presentó un reportaje en el que contemplaba la inmigración de personal tan cualificado como una bendición para los intereses de una nación orgullosa de serlo. Reconocía la ministra el interés que suscita para Berlín que una generación tan preparada llegue a Alemania.

Un reportaje en el que se recogían las declaraciones de dos jóvenes españoles encantados de que el país teutón les abriera las puertas y, echando la vista atrás, quejosos de que el suyo no fuera capaz de ofrecerles estas oportunidades.

Es lo que Leyen, la ministra, llama “nueva calidad”. Una calidad a la que ha costado llegar. Ingentes recursos públicos, un esfuerzo como país, impuestos y trabajo, para formar a tantos jóvenes que devuelven lo invertido volcando sus esperanzas en otra nación que les ofrece al menos un futuro.

Hacen bien en marchar en vez de hipotecar sus vidas en un país de secano político e intelectual. Pero hace mal nuestra nación en dejarles marchar y perder una inversión que no redundará en nuestro futuro salvo, como antaño, las remesas de inmigrantes.

Cuando Úrsula señala que “esta inmigración ayuda a nuestro país”, me viene a la cabeza que, en sentido contrario, es España la que (de nuevo) pierde. Para la ministra, además, esta inmigración “rejuvenece” Alemania, mientras que en España le hacemos hueco al tiempo para ver si nos devuelve unas migajas de historia.

Casi treinta mil españoles emigraron a Alemania la primera mitad de 2012. Una cifra que ya se ha quedado corta, créanme, con la que en estos momentos estamos sufriendo en este golpe de suerte, esa bendición que recibe Alemania en sus aeropuertos.

En nuestro caso se trata de un golpe de mala suerte: tener un gobierno incapaz de dibujar un futuro en tantos jóvenes. Un gobierno cuya negligencia es capaz de impedir que nuestra nación sea más próspera y tenga al menos esperanza para que algún día nuestros hijos puedan volver.

 

 

 

 

 

 

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